Carlos y yo llevamos casi cinco años juntos , y más de un año y medio viviendo juntos ¡cómo corre el tiempo! nos encanta salir de cervecitas, aprovechar cada rato juntos y cómo no, cada vez que la ocasión nos lo permite, viajar.

El año pasado por mi cumpleaños, Carlos me regaló una escapada express a París, yo ya había estado en París anteriormente, pero no me extrañó ya que me dijo que había encontrado unos vuelos muy bien de precio y no se lo había pensado. Al mes siguiente, en Septiembre, hicimos nuestras maletas y nos dirigíamos a disfrutar de esos cuatro días en la ciudad de la luz. Ya que era poquito tiempo del que disponíamos, nos organizamos de tal manera que nos diera tiempo a disfrutar de los rincones más emblemáticos de París y por supuesto reservar un día entero solo para el parque de Disneyland. Yo le insistí mucho porque me apasiona y nunca me cansaría de ir, no podíamos estar en París y no pasar por allí.

Ese sábado madrugamos y cogimos el tren hacia el parque Disney. Fue llegar y ya me inundaba la magia que se respira en ese lugar, te vuelves a sentir como un niño. Empezamos a explorar todo el parque, alucinando con cada detalle, haciendo fotos y montándonos en cada atracción que encontrábamos en nuestro camino, tanto para pequeños como para mayores, allí alucinas en todas, ¡la puesta en escena es increíble! la de buzz ligthyear nuestra favorita. 

Hacía un día muy soleado, así que cuando apretaba el calor paramos para comer en el restaurante de star wars. Entrada la tarde, volvimos al parque Disney y todo parecía normal, hicimos una paradita por esa maravillosa calle que está repleta de tiendecitas donde puedes comprar cualquier cosa que se te ocurra, pasamos por un kiosko que me llamó la atención, que vendía detallitos de cristal, anillos, pulseras y demás joyitas que podías personalizar. Mientras seguíamos de tiendas, Carlos me dijo que me esperara por ahí que tenía que ir al baño. Tardó un poco más de lo normal, pero no le dí importancia porque yo seguía a lo mío en las tiendas, aunque ahí ya se le notaba un poco mas nerviosillo. 

El día estaba llegando a su fin y paramos para tomar un café, Carlos insistió en que fuéramos al castillo de Disney a hacernos alguna foto ya que apenas habíamos hecho ninguna. Nos dirigíamos hacia allí y ya se le notaba nervioso y una empezaba a sospechar. Nos hicimos algunas fotos, y me dijo que nos colocáramos en uno de los laterales del castillo en el que había como una especie de balconcitos donde no pasaba tanta gente, entonces en ese momento, saco de la mochila una cajita diciendo que era un regalito que me había comprado.

La abrí y me encontré la rosa de la bella y la bestia de cristal, con una inscripción debajo en la que se podía leer ¨ Miriam, ¿te quieres casar conmigo? ¨ me puse nerviosa y en ese momento el se arrodilló y ¡sacó el anillo! Fue el momento más mágico que jamás hubiera soñado.

Después de los nervios y la llantina el día terminaba con un desfile muy chulo y un espectáculo de luces en el castillo de la bella y durmiente nuevamente mágico y con nosotros prometidos.

Miriam.